
El 20 de diciembre de 1987, el cantante de Sumo, Luca Prodan, ofreció su último recital en estadio del club Los Andes, en Lomas de Zamora, donde dijo, antes de cantar una canción "ahí va la última", para los 500 jóvenes que lo escuchaban.
La cancha de Los Andes le ofreció al pelado un paisaje desolador: mientras del escenario se sacudían los acoples de las últimas pruebas de sonido, en el campo casi nadie se asomaba. Más allá, levísimo, en la tribuna, un puñado de remeras negras se confundían con los colores de esa noche de diciembre. Hablaba el pelado, y le hablaban todos, conocidos, amigos y perfectos extraños, pero todos sentían el privilegio de ponerse a charlar con el pelado por un rato, como si el recital no fuera más que una excusa trivial para juntarse un rato a tomar una ginebra y a cagarse de la risa y a gritar canciones perdidas entre gritos.
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